Discursos agrupados numéricamente 2.32-41
El capítulo sobre la mente tranquila
32
«Bhikkhus, os voy a hablar sobre los fundamentos de una mala persona y los fundamentos de una buena persona.
Escuchad y prestad atención, os lo diré».
«Sí, señor», respondieron.
El Buddha dijo lo siguiente:
¿Cuáles son los fundamentos de una mala persona?
Una mala persona es ingrata,
una persona sin virtud solo sabe ser ingrata.
La ingratitud es parte fundamental de una mala persona.
Una buena persona es agradecida,
una persona virtuosa solo sabe ser agradecida.
La gratitud es parte fundamental de una buena persona».
33
«Bhikkhus, os digo que hay dos personas a las que no es nada fácil compensar.
¿Qué dos?
A la madre y al padre.
No habríais hecho lo suficiente para compensar a vuestra madre y a vuestro padre incluso si los hubieses llevado uno en cada hombro, hubieseis vivido así durante cien años, y les hubieseis aplicado aceites, masajeado, bañado y frotado;
e incluso si hubiesen orinado y defecado estando sobre vuestros hombros.
Incluso si hubieseis conseguido que vuestra madre y padre llegasen a ser los supremos monarcas de esta gran tierra, abundante en los siete tesoros, todavía no habríais hecho lo suficiente como para compensarles.
¿Por qué es así?
Los padres son de gran ayuda para sus hijos: los crían, los cuidan y les muestran el mundo.
Pero habríais hecho lo suficiente, más que suficiente, para compensarles, si animáis, asentáis y establecéis a padres sin fe en la fe, a padres sin ética en una conducta ética, a padres avaros en la generosidad, o a padres ignorantes en la sabiduría».
34
Un cierto brahmán se acercó al Buddha y ambos se saludaron mutuamente. Tras los saludos y la conversación de cortesía, se sentó a un lado y le dijo al Buddha:
¿Qué es lo que enseña el maestro Gotama? ¿Qué es lo que explica?
«Brahmán, enseño la acción y la inacción».
«¿Pero de que manera enseña el maestro Gotama la acción y la inacción?».
«Enseño la inacción respecto a la mala conducta en cuerpo, palabra y mente, y respecto a muchas cosas no beneficiosas.
Enseño la acción respecto a la buena conducta en cuerpo, palabra y mente, y respecto a muchas cosas beneficiosas.
Esta es la clase de acción e inacción que enseño».
«¡Excelente, maestro Gotama!… A partir de hoy, que el maestro Gotama me recuerde como un seguidor laico que ha tomado refugio de por vida».
35
Anāthapiṇḍika, hombre de familia, se acercó al Buddha, se postró ante él, y sentándose a un lado le dijo:
«¿Cuántos tipos de personas en el mundo son dignas de donaciones religiosas? ¿Y en dónde debería uno depositar los regalos?»
«Hay dos clases de personas en el mundo dignas de donaciones religiosas:
el aprendiz y el maestro.
Estas son las clases de personas en el mundo dignas de donaciones religiosas, y ahí es donde deberías depositar un regalo?».
Esto es lo que dijo el Buddha.
A continuación, el Buddha, el maestro, añadió:
«En este mundo, el aprendiz y el maestro
son dignos de las ofrendas de los que se sacrifican.
Íntegros en cuerpo,
palabra y mente.
Este es el terreno de los generosos,
y lo que aquí se ofrece, genera grandes frutos».
36
Así he oído:
En una ocasión el Buddha estaba cerca de Sāvatthī, en el bosquecillo de Jeta, en el parque de Anāthapiṇḍika.
Al mismo tiempo el venerable Sāriputta estaba cerca de Sāvatthī, en el parque del Este, la casa elevada de la madre de Migāra.
Allí Sāriputta se dirigió a los bhikkhus:
«¡Venerables bhikkhus!»
«Venerable», respondieron los bhikkhus.
Sāriputta dijo:
«Os hablaré sobre una persona encadenada internamente y una encadenada externamente.
Escuchad y prestad atención, os lo diré».
«Sí, venerable», contestaron.
Sāriputta dijo:
«¿Quién sería alguien encadenado internamente?
Sería un bhikkhu conforme a la moral, contenido según el Pātimokkha, que se comporta de forma apropiada y busca el sustento en lugares adecuados. Viendo el peligro que hay en las más leves faltas, sigue las reglas a las que se ha comprometido.
Al descomponerse su cuerpo, tras la muerte, renace en una de las clases de devas.
Al fallecer ahí, son uno-que-regresa, que vuelve a este estado de existencia.
Este sería alguien que está encadenado internamente, uno-que-regresa, volviendo de nuevo a este estado de existencia.
¿Quién sería alguien encadenado externamente?
Sería un bhikkhu conforme a la moral, contenido según el Pātimokkha, que se comporta de forma apropiada y busca el sustento en lugares adecuados. Viendo el peligro que hay en las más leves faltas, sigue las reglas a las que se ha comprometido.
Acceden y permanecen en un determinado estado tranquilo de liberación mental.
Al descomponerse su cuerpo, tras la muerte, renace en una de las clases de devas.
Al fallecer ahí, son uno-que-no-regresa, no volviendo a este estado de existencia.
Este sería alguien que está encadenado externamente, uno-que-no-regresa, no volviendo a este estado de existencia.
Es más, un bhikkhu conforme a la moral… sigue las reglas a las que se ha comprometido.
Practican solo por el desencanto, el desapasionamiento y el cese respecto a los placeres de los sentidos.
Practican solo por el desencanto, el desapasionamiento y el cese respecto a las vidas futuras.
Practican por el fin del anhelo.
Practican por el fin de la codicia.
Al descomponerse su cuerpo, tras la muerte, renace en una de las clases de devas.
Al fallecer ahí, son uno-que-no-regresa, no volviendo a este estado de existencia.
Este sería alguien que está encadenado externamente, uno-que-no-regresa, no volviendo a este estado de existencia».
Entonces varias devas, con la mente tranquila, se acercaron al Buddha, se inclinaron ante él, se sentaron a un lado y le dijeron:
«Señor, el venerable Sāriputta está en el parque del Este, en la casa elevada de la madre de Migāra, donde está enseñado a los bhikkhus sobre una persona encadenada internamente y una encadenada externamente.
¡Están encantados!
Señor, por favor, vete, por compasión, a ver al venerable Sāriputta».
El Buddha consintió con su silencio.
A continuación, el Buddha, tan fácil como una persona fuerte extiende y contrae su brazo, se desvaneció de la arboleda de Jeta y apareció en el parque del Este, en la casa elevada de la madre de Migāra, en frente de Sāriputta.
Se sentó en el sitio que estaba preparado.
Sāriputta se inclinó ante el Buddha y se sentó a un lado.
El Buddha le dijo:
«Justo ahora, Sāriputta, varias devas, con la mente tranquila, se acercaron a mí, se inclinaron y se sentaron a un lado. Estas devas me dijeron:
“Señor, el venerable Sāriputta está en el parque del Este, en la casa elevada de la madre de Migāra, donde está enseñado a los bhikkhus sobre una persona encadenada internamente y una encadenada externamente.
¡Están encantados!
Señor, por favor, vete, por compasión, a ver al venerable Sāriputta”.
Estas devas, a pesar de ser diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta, pueden permanecer en la punta de un alfiler sin tropezar unas con otras.
Sāriputta, podrías pensar:
“Ciertamente estas devas, como tantas pueden permanecer en la punta de un alfiler sin tropezar unas con otras, deben haber desarrollado sus mentes en ese lugar”.
Pero no deberías pensar así.
Es justo aquí donde esas devas desarrollaron sus mentes.
Por lo que deberíais practicar como sigue Sāriputta:
“Tendremos facultades tranquilas y mentes tranquilas”.
Así es como deberíais practicar.
Cuando vuestras facultades y vuestras mentes están tranquilas, vuestros actos de cuerpo, palabra y mente serán tranquilos; y con el pensamiento:
“Ofreceremos este regalo de tranquilidad a nuestros compañeros espirituales”.
Así es como deberíais practicar.
Los buscadores de otras religiones, Sāriputta, que no han escuchado esta presentación del Dhamma están perdidos».
37
Así he oído:
En una ocasión el venerable Mahākaccāna estaba en Varaṇā, en la orilla del lago Kaddama.
El brahmán Ārāmadaṇḍa se acercó a Mahākaccāna, y ambos se saludaron mutuamente.
Tras los saludos y la conversación de cortesía, se sentó a un lado y le dijo al Mahākaccāna:
«¿Cuál es la causa, maestro Kaccāna, cuál es la razón por la que los khattiyas luchan con los khattiyas, los brahmanes luchan con los brahmanes, y la gente de hogar de hogar lucha con la gente de hogar?».
«Es debido a su apego a los placeres de los sentidos, por encadenarse a ellos, enfocarse en ellos, por adicción a ellos, por obsesionarse con ellos, por aferrarse con firmeza a ellos, por lo que los khattiyas luchan con los khattiyas, los brahmanes luchan con los brahmanes, y la gente de hogar de hogar lucha con la gente de hogar».
«¿Cuál es la causa, maestro Kaccāna, cuál es la razón por la que los renunciantes luchan con los renunciantes?».
«Es debido a su apego a opiniones y puntos de vista, por encadenarse a ellos, enfocarse en ellos, por adicción a ellos, por obsesionarse con ellos, por aferrarse con firmeza a ellos, por lo que los renunciantes luchan con los renunciantes».
«Maestro Kaccāna, ¿hay alguien en el mundo que haya superado el apego a los placeres de los sentidos y a las opiniones y puntos de vista?».
«Lo hay, brahmán».
«¿Quién en el mundo ha superado el apego a los placeres de los sentidos y a las opiniones y puntos de vista?»
«En las tierras del este hay una ciudad llamada Sāvatthī.
Allí está ahora el Buddha, el Arahant, el Buddha completamente despierto.
Él, brahmán, ha superado el apego a los placeres de los sentidos y a las opiniones y puntos de vista».
Una vez dicho esto, el brahmán Ārāmadaṇḍa se levantó de su asiento, colocó su túnica sobre el hombro, apoyó su rodilla derecha en el suelo, elevó sus manos palma con palma en dirección al Buddha con respeto, y expresó de corazón lo que siguiente tres veces:
«¡Rindo homenaje al Buddha, el Arahat, el Buddha completamente despierto!
¡Rindo homenaje al Buddha, el Arahat, el Buddha completamente despierto!
¡Rindo homenaje al Buddha, el Arahat, el Buddha completamente despierto!
Quién ha superado el apego a los placeres de los sentidos y a las opiniones y puntos de vista.
¡Excelente, maestro Kaccāna, excelente!
Como poner del derecho lo que estaba del revés, o revelar lo que estaba oculto, o señalar el camino a quien anda perdido, o encender una lámpara en la oscuridad para que la gente con buena vista pueda ver lo que allí hay, el maestro Kaccāna ha esclarecido el Dhamma de multiples formas.
Tomo refugio en el maestro Gotama, en el Dhamma y en el Saṅgha.
A partir de hoy, que el maestro Kaccāna me recuerde como un seguidor laico que ha tomado refugio de por vida».
38
En una ocasión el venerable Mahākaccāna estaba cerca de Madhurā, en el bosquecillo de Gunda.
El brahmán Kandarāyana se acercó a Mahākaccāna y ambos se saludaron mutuamente. Tras los saludos y la conversación de cortesía se sentó a un lado y le dijo a Mahākaccāna:
«He oído, maestro Kaccāna, que el renunciante Kaccāna no se inclina ante los viejos brahmanes, los ancianos y veteranos, que, de edad avanzada, han alcanzado la última etapa de su vida; ni tampoco se levanta en su presencia ni les ofrece el sitio.
Y ciertamente es así,
porque el renunciante Kaccāna no se inclina ante los viejos brahmanes, los ancianos y veteranos, que, de edad avanzada, han alcanzado la última etapa de su vida; ni tampoco se levanta en su presencia ni les ofrece el sitio.
Esto no es lo apropiado, Maestro Kaccāna».
«Hay dos etapas, la etapa del anciano, y la etapa de la juventud, tal como explicó el Buddha, que conoce y ve, el Arahat, el Buddha completamente despierto.
Si un anciano, aunque tenga ochenta, noventa o cien años, aún reside rodeado de los placeres de los sentidos, disfrutándolos, obsesionado con ellos, ardiendo de ganas de ellos, y buscando con ansía más,
se le considera como un niño, no como un anciano.
Si un joven, de pelo negro, bendecido con la juventud, en la plenitud de la vida,
no reside rodeado de los placeres de los sentidos, disfrutándolos, obsesionado con ellos, ardiendo de ganas de ellos, y buscando con ansía más,
se le considera como un sabio, como un anciano».
Una vez dicho esto, el brahmán Kandarāyana se levantó de su asiento, colocó su túnica sobre el hombro, y se inclinó con su cabeza a los pies de los renunciantes jóvenes, diciendo:
«Los maestros son ancianos, en la etapa del anciano;
nosotros somos jóvenes, en la etapa de la juventud.
¡Excelente, maestro Kaccāna!… De ahora en adelante, que el maestro Kaccāna me recuerde como un seguidor laico que ha tomado refugio de por vida».
39
«En tiempos en que los bandidos son fuertes, los reyes son débiles.
Así el rey no está a gusto cuando va y viene, o cuando visita las provincias.
Los brahmanes y la gente de hogar tampoco están a gusto cuando van y vienen, o cuando supervisan sus quehaceres en el exterior.
De la misma manera, en tiempos en que los malos bhikkhus son fuertes, los bhikkhus disciplinados son débiles.
Así los bhikkhus disciplinados permanecen en silencio en medio del Saṅgha, o residen en zonas apartadas de la periferia.
Esto redunda en daño e infelicidad para mucha gente, en dolor, daño y sufrimiento para mucha gente, para devas y humanos.
En tiempos en que los reyes son fuertes, los bandidos son débiles.
Así el rey está a gusto cuando va y viene, o cuando visita las provincias.
Los brahmanes y la gente de hogar también están a gusto cuando van y vienen, o cuando supervisan sus quehaceres en el exterior.
De la misma manera, en tiempos en que los bhikkhus disciplinados son fuertes, los malos bhikkhus son débiles.
Así los malos bhikkhus permanecen en silencio en medio del Saṅgha, o se van a otros lugares.
Esto redunda en bienestar y felicidad para mucha gente, en beneficio, bienestar y felicidad para mucha gente, para devas y humanos».
40
«Bhikkhus, no elogio la practica equivocada en ambos, laicos y bhikkhus.
Debido a la práctica equivocada, ni laicos ni bhikkhus tienen éxito en completar el buen camino del Dhamma.
Elogio la práctica correcta en ambos, laicos y bhikkhus.
Debido a la práctica correcta, tanto laicos como bhikkhus tienen éxito en completar el buen camino del Dhamma.
41
Bhikkhus, por memorizar los discursos equivocadamente, quedándose solo con una parte superficial, algunos bhikkhus excluyen el significado y la enseñanza. Esto redunda en daño e infelicidad para mucha gente, en dolor, daño y sufrimiento para mucha gente, para devas y humanos.
Estos bhikkhus generan mucho mal karma y hacen que el verdadero Dhamma desaparezca.
Pero los bhikkhus que memorizan los discursos bien, sin quedarse solo con una parte superficial, fortalecen el significado y el Dhamma. Esto redunda en bienestar 7y felicidad para mucha gente, en beneficio, bienestar y felicidad para mucha gente, para devas y humanos».
Estos bhikkhus generan abundante mérito, y hacen que el verdadero Dhamma siga adelante».
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