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La flecha

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1. Capítulo con versos

La flecha

“Mendicantes, una persona corriente y sin instruir experimenta sensaciones placenteras, sensaciones dolorosas y sensaciones neutras.

Un alumno noble e instruido también experimenta sensaciones placenteras, sensaciones dolorosas y sensaciones neutras.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un alumno noble e instruido y una persona corriente y sin instruir?”

“Nuestras enseñanzas tienen su origen en el Buda …”

“Cuando una persona corriente y sin instruir experimenta una sensación dolorosa, se apena, se angustia, se lamenta, se golpea el pecho y llora, desconcertada.

Así que experimenta dos sensaciones:

una física y una mental.

Es como si a alguien le disparasen una flecha

y, acto seguido, le disparasen otra.

De manera que experimentaría las sensaciones de dos flechas.

De la misma forma, cuando una persona corriente y sin instruir experimenta una sensación dolorosa, se apena, se angustia, se lamenta, se golpea el pecho y llora, desconcertada.

Así que experimenta dos sensaciones:

una física y una mental.

Cuando experimenta una sensación dolorosa, la rechaza;

bajo ese rechazo yace la tendencia a rechazar sensaciones dolorosas.

Al experimentar una sensación dolorosa, se regodea en la gratificación sensorial.

¿Por qué?

Porque no conoce otra alternativa a la sensación dolorosa que la gratificación sensorial.

Bajo ese regodeo yace la tendencia a codiciar la gratificación sensorial.

No comprende tal y como son la aparición y desaparición de las sensaciones, ni su atractivo, su trampa o su alternativa.

Bajo esa falta de comprensión yace la tendencia a la ignorancia sobre las sensaciones neutras.

Si experimenta una sensación placentera, la experimenta con ataduras.

Si experimenta una sensación dolorosa, la experimenta con ataduras.

Si experimenta una sensación neutra, la experimenta con ataduras.

A esa persona se la considera una persona corriente y sin instruir atada al nacimiento, la vejez, la muerte, la pena, el lamento, el dolor, la tristeza, la angustia y el malestar.

Por el contrario, cuando un alumno noble e instruido experimenta una sensación dolorosa, no se apena, ni se angustia, ni se lamenta, ni se golpea el pecho y llora, desconcertado.

Así que experimenta una sensación:

física, pero no mental.

Es como si a alguien le disparasen una flecha

sin que, acto seguido, le disparasen otra.

Así que experimentaría la sensación de una sola flecha.

De la misma forma, cuando un alumno noble e instruido experimenta una sensación dolorosa, no se apena, ni se angustia, ni se lamenta, ni se golpea el pecho y llora, desconcertado.

De manera que experimenta una sensación:

física, pero no mental.

Cuando experimenta una sensación dolorosa, no la rechaza;

debajo no yace la tendencia a rechazar sensaciones dolorosas.

Al experimentar una sensación dolorosa, no se regodea en la gratificación sensorial.

¿Por qué?

Porque conoce otra alternativa a la sensación dolorosa que la gratificación sensorial;

debajo no yace la tendencia a codiciar la gratificación sensorial.

Comprende tal y como son la aparición y desaparición de las sensaciones, su atractivo, su trampa y su alternativa.

Como lo comprende, debajo no yace la tendencia a la ignorancia sobre las sensaciones neutras.

Si experimenta una sensación placentera, la experimenta sin ataduras.

Si experimenta una sensación dolorosa, la experimenta sin ataduras.

Si experimenta una sensación neutra, la experimenta sin ataduras.

A esa persona se la considera un alumno noble e instruido, desligado del nacimiento, la vejez, la muerte, la pena, el lamento, el dolor, la tristeza y la angustia; desligado del malestar.

Esta es la diferencia entre un alumno noble e instruido y una persona corriente y sin instruir.

A una persona sabia e instruida

no le afligen las sensaciones de placer ni de dolor;

esa es la gran diferencia entre la persona corriente

y la persona sabia y virtuosa.

Lo deseable no agita la mente

de la persona instruida en la enseñanza,

que vislumbra tanto este mundo como el otro,

y lo indeseable tampoco le repugna.

Estar a favor y estar en contra

se han esfumado, desvanecido; ya no existen.

Conociendo el camino impecable y libre de penas,

quien trasciende el devenir comprende de verdad.”

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